EL BARCA TOCA FONDO.



El conjunto azulgrana, falto de acierto y de rebeldía, cae ante el Rayo en Vallecas tras un gol de Falcao. Memphis falla un penalti en la segunda parte.


El Rayo también ganó al Barça, la caída de los azulgrana es tan previsible y parece tan asumida que con el paso de los partidos no se hablará de su ridículo ni tampoco de su desdicha sino de la impotencia del rival que no consiga ganarle, sin reparar en si es grande o pequeño, juegue fuera o en el mismo Camp Nou.


Al técnico le salió una alineación muy extraña en su intento de activar al equipo en Vallecas. No se sabe muy bien si le condicionaron más las lesiones de futbolistas como Pedri, De Jong, Araujo y Ansu, la estrechez del campo, el juego del Rayo o la rutina que paralizaba al propio Barça. Quitó a Gavi, apostó por Kun Agüero como titular e insistió con Coutinho.


El Rayo es un libro abierto, un equipo intenso y de fútbol variado, perseverante en la presión, más dinámico que el Barcelona. Los azulgrana vagabundearon unos minutos, reiterativos en las pérdidas, mal puestos, lentos y sin reflejos, hasta que en juego entró Busquets y alivió la salida de balón que había quedado a pies de Ter Stegen.


No había quien diera continuidad a las conducciones de Nico. El volante eliminaba líneas y, sin embargo, ningún delantero tiraba un desmarque, atacaba al espacio o buscaba el uno contra uno, sino que la pelota viajaba muerta, reflejo de la quietud del Barça. La parsimonia narcotiza al propio equipo y despierta a contrarios vivos como el Rayo. Alcanza con aguardar el error que llega irremediablemente por la falta de estructura colectiva y de sintonía entre Busquets y Piqué.

















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